¿Qué sería de la vida si no tuviéramos el valor de intentar algo nuevo? Vincent van Gogh.

A veces, nos quejamos porque nuestra vida parece ser una noria, dando vueltas y más vueltas sin sentido. Pero todas las norias se detienen en algún momento en el punto de arranque; el cual, puede ser interpretado como punto de entrada o de salida.

Siguiendo la analogía, todas las vidas tienen estos puntos de arranque: una llamada ofreciéndonos un nuevo trabajo; una enfermedad; una persona que llega de repente a nuestras vidas.

En todas estas ocasiones, estamos ante un punto  de arranque en el cual, generalmente, hacemos lo mismo: rechazarlo de plano, quedándonos donde estamos, porque el miedo a lo desconocido nos impide dar el paso. En ocasiones, disfrazamos este miedo con las más variadas excusas: que si un cambio de trabajo es muy arriesgado, mejor me quedo con el que tengo que es seguro; que si la enfermedad me ha destrozado la vida; no puedo divorciarme para irme con ella (él) por el bien de mis hijos… Y nos quedamos girando en nuestra noria porque preferimos quejarnos y seguir igual, antes que arriesgarnos a intentar algo nuevo. El riesgo, como el vértigo, dan miedo.

Sin ver que, ese punto de arranque de nuestra vida, es el punto de salida de lo viejo y de entrada de lo nuevo: que esa oferta de trabajo, es una oportunidad de crecimiento; quizá nos lleve a otra ciudad o a otro país, pero siempre será para enriquecernos y crecer. Que esa enfermedad es el aviso de que no podemos continuar viviendo así y que, afrontada con valentía, nos va a cambiar los esquemas, sí, pero para hacernos llegar al verdadero camino de vida. Que esa persona, es el revulsivo que necesitábamos para poner punto final a ese matrimonio infeliz en el que llevamos vegetando años y que, a los hijos, lo que les está haciendo muchísimo daño es ver a sus padres tensos, quizá enzarzados en eternas peleas e infelices, y no verles divorciados y felices por haber conseguido sus ilusiones y haber encontrado el amor de su vida.

Y cuando nos quedamos en el punto de salida, es cuando vamos repitiendo situaciones una y otra vez. No porque seamos animales de costumbres, sino porque la vida es una maestra muy sabia: cuando no aprendemos una lección, nos la vuelve a traer una y otra vez. Para que tengamos el valor de aprender algo nuevo, el valor de tomar las riendas de nuestra vida, el valor de perseguir nuestras ilusiones y sueños. El valor de ser felices.