Vergonya, vergüenza, sharme…, dice Xavi Hernández en su twiter al conocer la sentencia del prucés.

Vergüenza la que debería sentir él, por defender lo indefendible; por decir que España no es un país democrático; por no devolver todo lo que España le ha dado.

Si no fuera por España, ninguno de los habitantes de Cataluña habrían tenido acceso a la formación ni a la sanidad públicas. Porque fue, y es, España, quién mantiene los colegios, los institutos, las universidades y los hospitales catalanes, haciendo aportaciones millonarias mes sí, mes también, mientras que lo recaudado por su gobierno autónomo se ha invertido en financiar el prucés, en abrir embajadas ilegales, en organizar un referéndum todavía más ilegal.

Si no fuera por España, que le dio un puesto en su selección, este señor jamás habría triunfado más allá de las fronteras de su reducto chauvinista, no habría tenido oportunidad de ganar un Mundial ni mucho menos de conseguir el puesto que tiene hoy día en uno de los países más ricos del mundo.

Vergüenza la que siento yo, de haber nacido en Barcelona y no poder vivir en Cataluña porque me consideran «facha»; de no haber podido acceder a clases de catalán porque los españoles no tenemos acceso a ellas, mientras que los extranjeros, las reciben gratis; de haberme tenido que ir, porque al no tener el nivel C, ni siquiera podía optar a un puesto de trabajo y no hablemos de buscar una editorial que me publicara…

Vergüenza de ver cómo, iletrados que hacen la O con un compás y les sale romboidal, pretenden dar lecciones de historia; cómo, españoles que le deben a la Patria hasta el nombre, la denostan; cómo, los intereses espurios de unos cuantos, han conseguido domeñar la voluntad de la mayoría de la población.

España no debe nada a Cataluña, al contrario. Mal que les pese, durante el franquismo recibieron más ayudas y subvenciones que ninguna otra región del Estado; mal que les pese, durante la democracia, han sido los niños mimados de todos los gobiernos, que les han dado todo lo que han querido -desde millones para cubrir sus deudas hasta competencias educativas para adoctrinar a las masas-. Y como adolescentes rebeldes, lo han agradecido con la sedición, el insulto y la rebeldía.

Cuando los adolescentes se pasan de la raya, se les castiga quitándoles lo que más les gusta, sus juguetitos electrónicos, y dejándoles sin paga. Los catalanes, eternos adolescentes de la Madre Patria, también deben recibir un castigo por sus actos. ¿Aplicación del artículo 155 y siguientes? NO: quitarles su juguete preferido, es decir, abolición de la autonomía ya. Y que devuelvan todo lo que deben.

A ver si maduran ya de una vez.