ERA…

…un lugar paradisíaco, mágico, lleno de sonrisas, de miradas amables, de gestos cordiales.

…un lugar en el cual, los residentes, no se preocupaban por conocer qué ha hecho el nuevo -o la nueva- antes de llegar ni porque vivencias había pasado ni mucho menos cuanto gana, cuantas posesiones tiene o con quién se acuesta, sino que se preocupaban de conocerle, para saber si es una buena persona o no.

…un lugar en que se respetaba cada personalidad, en que no se mal hablaba de los solitarios, no se malinterpretaba a los simpáticos, no se desconfiaba de los altruistas.

…un lugar en que cada uno vivía su vida sin que los demás se preocuparan de si iba o venía, si traía bolsas o compañía.

…un lugar en que, cuando te cruzabas por la calle con alguien, no se detenía a preguntarte dónde vas ni qué haces con tu vida, simplemente, te devolvían la sonrisa y se intercambiaban saludos corteses.

…un lugar en que nadie corre a esconderse cuando ve llegar a alguien en su coche o a pie, porque nadie tiene de qué avergonzarse ni tiene remordimientos de conciencia, porque nadie ha vertido infamias ni mentiras contra los demás.

…un lugar en que las personas se reúnen a celebrar y compartir alegrías, no a intercambiar chismorreos.

…y el despertador me devolvió a la realidad.