En el programa matinal de la emisora de radio que escucho habitualmente (no la nombro por no hacer propaganda), acaban de pasar el mensaje que ha dejado un hombre; en él, este señor se vanagloriaba de que había llamado a la policía para denunciar a un anciano que estaba tomando el sol en un banco del parque que hay delante de su casa. Alegaba que era un peligro, porque no solo se estaba tomando un café y fumando, sino que había estornudado. Jactándose de que, como es un ciudadano modélico, había denunciado los hechos a la policía -quienes se personaron inmediatamente y se llevaron al anciano- y pedía a los oyentes que dijeran si había hecho bien o no, porque estaba convencido que había actuado más que correctamente.
No he podido coger línea para dar mi opinión, así que le contesto, a él y a todos lo que se han autoproclamado policías de balcón.
Desde el minuto cero, este gobierno ha actuado con ineficacia y acumulando despropósitos, no han dado una pie con bola y a estas alturas, todavía van dando palos de ciego. Pero, al menos han hecho una cosa bien: han tenido en cuenta que hay personas que por su enfermedad mental, no pueden estar todo el día encerrados en casa y necesitan por prescripción facultativa un paseo diario de, al menos, una hora. Si uno de esos policías de balcón les denuncia, cuando se les acerca la policía, estas personas pueden entrar en una crisis que les lleve directamente al hospital.
Con lo cual, tenemos un problema triple: la policía ha perdido un tiempo que podrían haber empleado en controlar a delincuentes de verdad; el trauma psicoemocional y médico que provocamos al enfermo y su acompañante y el trastorno al hospital, ya supersaturado de trabajo.
En España el deporte nacional no es el fútbol, es hablar sin tener ni puñetera idea de qué hablamos y en estos días de confinamiento, sus hinchas más devotos se están poniendo las botas. Y, si en situaciones normales, al proclamar a los cuatro vientos lo que deducen de algo que han visto de refilón como si fueran verdades contrastadas, causan problemas; en los momentos actuales pueden provocar verdaderos desastres.
No voy ni a defender ni a crucificar al señor que estaba en el banco tomando café y fumando, porque no sé las circunstancias que le llevaron a actuar así. Solo digo que, cuando los policías de balcón se planten en el mismo a desintoxicarse entre programa y programa de televisión -porque ni saben lo que es un libro ni se les ocurre entrar en internet para algo más que cotillear con parentela y colegas, así que ni hablar de pasear por algún museo virtual o hacer un curso on-line- lo hagan armados con los prismáticos con que habitualmente espían a las vecinas que viven solas. Ahorrarán trabajo a policías y sanitarios, disgustos a enfermos y familiares y posibles denuncias con que pueden responder los denunciados.