Llevamos semanas haciendo listas de deseos, de cosas que pedir a Papá Noel o a los Reyes Magos; haciendo cábalas de qué vamos a poner en las cartas y qué vamos a dejar para agenciárnoslo cuando lleguen las rebajas. Por todas las redes sociales, nos han estado llegando mensajes de buenos deseos, de augurios de felicidad y bienes.

Y hoy, día de Reyes, empiezan a llegar otro tipo de mensajes, en los que el articulista o el autor del mensaje asegura que no desea nada, salvo quedarse cómo está porqué ya tiene bastante con lo que tiene, en que asegura pensar en lo afortunado que es por no haber nacido en Sudán o en Afganistán, cosa que les honra, es muy de agradecer que alguien se acuerde de los  niños-soldados, de las mujeres violadas y prostituidas por los militares y los milicianos desde un confortable sofá.

Y, a propósito, en esta vorágine de mensajes insulsos y anodinos, más propios de concurso de mises, ¿por qué no he visto todavía ningún mensaje dando las GRACIAS por lo que se tiene? No sé a quién, si a la vida, al universo o a algún dios, pero a alguien se tiene que agradecer que, en los tiempos que corren, se pueda tener un techo sobre la cabeza y un plato en la mesa; poder recurrir a ese colchón económico que tanto costó reunir pero ahora permite pagar la luz y el supermercado, es un don; saber que, pocos, pero tienes un par de amigos o amigas a quién llamar si te pasa algo, es más que un regalo.

Así que, no sé a quién, pero si sé por qué: GRACIAS.