En muchas ocasiones, cuando publico algún post, no recibo ni críticas ni elogios, solamente una pregunta: «¿Por quién dices eso?», generalmente en un tono bastante alarmado.

Al principio, me tomaba la molestia de explicar que no lo había escrito pensando en nada ni nadie determinado; simplemente, lo había escrito para expresar mi opinión o explicar mi posición ante una cuestión concreta.

¿Y sabéis que pasa cuando dices esto? Que no te creen; que te miran con cara de desconfianza y hasta la persona menos intuitiva se da cuenta de que están pensando que oculto algo, que he actuado movida por la mala leche, el resentimiento o el cabreo pero no quiero decir quién es el o la culpable. En ocasiones, hasta he pensado que recelan de mi argumento por aquello de que cree el ladrón que todos son de su condición…

Con el tiempo, he comprendido una cosa: quién hace esa pregunta prefiere que le mientas, que le cuentes una historia rocambolesca o muy antigua en el tiempo, porque así tiene un culpable a quién señalar. Imagino que también es una manera de quedarse tranquilo o tranquila por no ser él o ella el inspirador de mi escrito.

La mayoría de mis posts, simplemente, nacen. Algunos, empero, sí han sido escritos exprofeso como respuesta a hechos concretos. ¿Y sabéis porqué he tenido que hacerlo así? Porque la gente tiene la mala costumbre de enrocarse en sus opiniones y sus posiciones sin oír ni mucho menos escuchar, lo que tenemos que decir los demás. Porque cuando se han hecho una imagen mental de ti, de tu vida o, incluso, de lo que piensas o sientes, no hay manera de hacerles cambiar de opinión, cuando intentas explicarte, se cierran aún más en banda en sus opiniones, hasta el punto que llegan a decirte que no sabes de qué hablas… ¡cuando estás hablando de tu propia vida, de tus sentimientos, de tus vivencias y de tus opiniones, algo que has sufrido en carne propia y de lo, en muchos casos, no tienen ni idea porque ni siquiera te conocían hace unos años! Mandan narices, de fuera vendrán que de casa nos echarán.

Si las personas escucharan para comprender -en lugar de oír para responder- la comunicación y el entendimiento serían más fáciles. Pero los articulistas perderíamos una fuente de inspiración y los escritores disiparíamos una mina temática; y como yo soy las dos cosas, solo puedo deciros desde el fondo de mi corazón y mi reconocimiento:

Gracias, cerrazón humana, seguid así, por favor.