Estas son las segundas Navidades que paso sola. Y cuando digo sola, quiero decir sola, sin nadie a mi lado: ni pareja ni amigos ni familia. Y son las segundas Navidades más felices de mi vida.

Sí, no pongas esa cara ni pienses eso de: «Pobrecita, lo dice de cara a la galería, pero en el fondo está llorando amargamente». Pues, como siempre, te equivocas de parte a parte; como siempre, hablas sin saber de qué estás hablando; como siempre, estás valorando la vida de los demás -en este caso, la mía- por cómo es la tuya.

Como creyente, para mí las Navidades no tienen ningún sentido si están dedicadas a la galería, es decir, a lucir un modelito de escándalo para que rabie la cuñada, a cocinar (o a comprar en el catering más cercano) el más delicioso plato para fastidiar a la suegra o gastar una millonada en regalos, ¡no sea que la familia en casa y la sociedad en las redes sociales, piensen que soy una tacaña! Como dije, soy creyente y para mí la Navidad solo tiene sentido si celebramos lo que hemos venido a celebrar: que Dios se hizo Hombre.

Como mujer responsable y sensata -y no es presunción, hace pocos días, mi medía me decía «de sentido común, estás sobrada» y solo hace pocas semanas que me conoce (gracias, doctor)- considero que, la celebración de la despedida y/o entrada de año, que ya no sé qué es lo que se celebra, no es más que una obligación social a la que, la mayoría de la gente, solo acude por miedo al FOMO (acrónimo de Fear Of Missing Out), es decir, miedo a perderse algo; pero, sobre todo, por miedo a ser criticado y a no salir en la foto que los amigos van a publicar en las redes sociales. «¡Oh, no, todas mis amigas luciendo tipito y modelito y yo no! ¡Por favor, qué van a pensar de mí!»

Si durante todo el año me trae muy al pairo lo que los demás piensen de mí, imaginad lo que me importa en estas fechas…, sí, esto tan escatológico que estáis pensando.

Sí, mal que te pese y por mucho que quieras engañarte pensando que miento como una bellaca, mis Navidades hace dos años que son felices porque, como no tengo que quedar bien con nadie, las vivo cómo quiero y les doy el sentido que creo deben tener. Quizá el Año Nuevo me traiga un cambio en forma de amigos o pareja; pero si ha de ser para volver a decir «¿Cómo pueden llamarla Nochebuena, si estás con la familia?», Virgencita, que me quede como estoy.

Si alguien lee estas líneas en un entorno feliz, sincero y alegre, de todo corazón le doy mi enhorabuena y mis deseos de que nunca conozca la otra cara de la moneda. A lo que viven en esta cara oculta, ánimo para soportarlo y valor para cambiarlo.

Y a todos: FELIZ 2020.