¿Os acordáis que, hace unos días, hablábamos de que la gente tiene la costumbre de deducir que las experiencias de los demás, son iguales a las propias y que, lo que ellos han sentido ante un hecho determinado de la vida, es lo que siente todo el mundo?

Entonces, hablábamos del duelo; pero lo mismo ocurre con la Navidad. Hay personas que no les entra en la cabeza que NO todos los humanos viven la Navidad como la viven ellos; NO comprenden que hay familias que, por mucho que se reúnan, no es para pasar una Noche d Paz, sino para pasarse la velada lanzándose indirectas, pullas malintencionadas o peleando directamente; NO entienden que otras tantas personas, pasan la Navidad solas y SON felices en su soledad.

Nos quedamos con este último supuesto. Cuando la persona que pasa la Navidad en soledad dice que la ha pasado tranquila y feliz, nada en el mundo la libra de la mirada de conmiseración y la seguridad de que su interlocutor/a está pensando: «Pobre, ¿qué ha de decir?»

Pues, mal que te pese y que no entre en tu cabezota, dice la verdad. Porque aunque tú no lo entiendas, hay personas que pueden pasar la Navidad solas porque aunque no tengan a nadie en casa, NO se sienten solas; que prefieren estar solas a mal acompañadas, que escogen vivir en soledad porque ya llevan demasiados años en este mundo para tolerar más tonterías, más imposiciones y, sobre todo, más hipocresías; porque han llegado a esa edad y a ese nivel de madurez emocional y psicológica en que no se consiente que se las vacile.

Quién tenga oídos, que oiga y quién tenga ojos, que lea.

Y por si alguien se lo pregunta: sí, quién suscribe está en la edad que a vacilar, le vas a tu madre.