Hay veces en que la sociedad asquea y te dan ganas de mandarlo todo a paseo. A veces, es por la estulticia de los mandamases; otras, por un disgusto con algún familiar o amigo. Pero las mas, es por ver cómo está montada.

Y este es el motivo número uno de asqueo, cabreo, como quieran llamarlo. No lo digo solamente por la organización general de la sociedad o por los nombramientos a dedo, sino porqué nos están bombardeando constantemente con la lacrimógena monserga de que nuestros jóvenes se van al extranjero, que estamos perdiendo a nuestros mejores cerebros, que estamos extraviando a toda una generación, la mejor preparada de todos los tiempos…

¿Y qué nos estamos quedando? Con una serie de personas que no tienen ni formación ni capacidad, pero sí tienen padrinos. Así vemos que iletrados que harían la O con un compás y les saldría romboidal, se convierten en los autores más vendidos, mientras escritores de verdad, se ven abocados a peregrinar de editorial en editorial hasta que el hastío les hace desistir; que guaperas con mucha labia, se convierten en comisarios de exposiciones, al tiempo que licenciados en historia del arte -algunos con máster y Erasmus- están vendiendo hamburguesas; que maestros en el dominio de los programas informáticos para crear ruidos sincopados, se erigen como número uno de las listas de éxitos y descargas en las redes, a la vez que esforzados licenciados en el conservatorio deben irse a las antípodas para poder ejercer.

Y lo peor, es que no hemos perdido una generación: hemos perdido dos, la actual y la anterior. Porque todos estos citados no solo se han cargado a sus coetáneos, sino que han defenestrado a la generación anterior, la que ahora tendría que estar en pleno auge de sus facultades laborales e intelectuales y sacando a este país de la miseria, en todos los sentidos.