Y la ciencia lo avala.

Desde la noche de los tiempos la honda cisura entre fe y ciencia ha propiciado luchas enconadas, mas lo cierto es que el fenómeno religioso, entendido como algo innato en el ser humano, ha sido estudiado por los científicos, especialmente antropólogos, psicólogos y psiquiatras; nos quedamos con estas dos últimas vertientes.

En efecto, desde los principios de estas ciencias, se ha intentado explicar porqué existe la necesidad espiritual y si es una necesidad real o el refugio de los débiles. Pero solo en los últimos años se ha empezado a forjar teorías plausibles acerca de su realidad como parte del ser humano, teorías que pronto se podrán confirmar gracias a los avances técnicos, como las neuroimágenes realizadas a practicantes de meditación (en cualquiera de sus variantes) y oración.

Este compendio de investigaciones ha forjado el nacimiento de la Neuroteología, también llamada Bioteología y Neurociencia espiritual.

El pionero fue Herbert Benson, cardiólogo en la Harvard Medical School y fundador del Mind/Body Medical Institute en el Massachusetts General Hospital de Boston. Sus estudios acerca de la influencia de la espiritualidad en la sanación, se dieron a conocer en 1.975 cuando publicó el libro The Relaxation Response. A lo largo de estos años, ha continuado publicando obras acerca de sus investigaciones sobre la relación cuerpo/mente/espiritualidad. Desde el inicio de su labor, Benson comprobó dos hechos fundamentales: el primero, que el estrés que genera una enfermedad afecta a todo el conjunto que forma el sistema nervioso. Y el segundo y más importante para el tema que nos ocupa: los pacientes de Benson que meditaban recitando mantras o jaculatorias (el equivalente cristiano al mantra oriental) conseguían que la relajación consecuente hiciera descender sus niveles de tensión arterial y, por ende, mejoraba su salud cardíaca. La conclusión que Benson extrajo fue que la oración o la meditación proporcionan felicidad porque el practicante se siente amparado y protegido por una entidad todopoderosa.

Asimismo, Benson también constató que incluir la oración como parte de la oración meditada mejoraba el estado de salud general en mayor medida que meditar solo para relajarse. Conclusión: la oración, al incluir la creencia en un Dios Supremo, estimula el sistema nervioso parasimpático encargado de transmitir los beneficios de la práctica a todo el conjunto cuerpo-mente.

La Neuroteología continuó su desarrollo y en 2.002, el equipo formado por los doctores Newberg, D’Aquili y Rause recogieron en la obra Why God Won’t Go Away: Brain Science and the Biology of Belief, las conclusiones a las que llegaron tras explorar con neuroimágenes y de forma comparativa, los cerebros de un grupo de monjes tibetanos y uno de monjes franciscanos mientras practicaban meditación y oración, respectivamente. En ambos grupos, se observó un aumento considerable de flujo sanguíneo en los lóbulos frontales, relacionados con la atención, lo que activaba su funcionamiento; mientras, decrecía proporcionalmente el flujo sanguíneo en los lóbulos parietales, que controlan el cuerpo, ralentizando su funcionamiento. Los autores concluyeron que quedaba demostrado cómo la actividad cerebral se ve afectada por los estados de conciencia y dieron por establecida la conexión entre espiritualidad y neurología.

El citado doctor Newberg, presidente del Centro para la Mente y la Espiritualidad de la Universidad de Pennsylvania, publicó en 2.009 el libro How God Changes Your Brain (Cómo Dios puede cambiar su cerebro), junto a Mark Waldman; en él, los autores afirman que la oración y la meditación pueden mejorar la capacidad y la habilidad cerebral porque la vida espiritual estimula las neuronas de diversas áreas cerebrales, mejorando la concentración y permitiendo enfocar la mente ya que la persona se calma y así se reducen los efectos del miedo y la ira y se estimula la compasión, ya que la calma facilita la empatía o «ponerse en lugar» del otro. Para los autores, los efectos no son exclusivos de la meditación con oración ni solo válidos para las personas creyentes: observaron los mismos resultados en personas ateas que para relajarse meditaban con mantras.

El gran avance en la divulgación de la Neuroteología, ha sido el artículo de Charles Zeiders, psicólogo y director clínico del Christian Counseling and Therapy Associates, publicado el mismo año 2.009 en The Global Spriral, la revista del Instituto Metanexus, donde habla de los orígenes y el futuro de la Neuroteología. En el texto, Zeiders analiza los estudios de Benson como pioneros de la nueva área científica, así como los subsiguientes que están contribuyendo a su desarrollo. De estos, destaca los llevados a cabo en el Departamento de Psiquiatría de la Universidad de Harvard por la doctora Sara Lazar y su equipo, quienes, a través de una novedosa técnica denominada tomografía por resonancia magnética, estudiaron a un grupo de budistas practicantes de meditación Vipassana, descubriendo un considerable incremento en el grosor de la corteza cerebral. El experimento se validó al comprobar el mismo efecto en practicantes de otras técnicas de meditación.

Finalmente, citaremos los estudios que se están llevando a cabo en la Universidad de Toronto, donde a través de los test de Stroop, analizaron la reacción de los participantes ante sus propios errores; las personas creyentes tenían menos activa el área cerebral que controla la ansiedad, por lo que reaccionaban con más serenidad y aceptación. Consecuentemente, su próximo objetivo es comprobar si la vida espiritual puede ayudar en el tratamiento de la ansiedad.

Serenidad al alcance de todos.

Sea por el desahogo que produce contar las cuitas, sea por la calma que genera el silencio y la penumbra del lugar de culto o el rincón que tenemos en casa, el recogimiento y la concentración a que nos lleva un rato de oración o de meditación conlleva, indefectiblemente, la serenidad y la objetividad para analizar nuestros problemas o tomar la decisión acertada.

Poner nuestras tribulaciones y miedos en manos de Alguien que todo lo puede nos descarga de los pesares y nos ayuda a lograr esa serenidad y presencia de ánimo que nos permita resolver las contrariedades. Mas, si los resultados no son los que habíamos previsto o la vida nos trae como consecuencia una vivencia dolorosa, gracias a estas prácticas tendremos la fortaleza y la presencia de ánimo suficientes para aceptarlo y superarlo porque sabemos que Dios nunca nos abandonará, que siempre estará allí para sostenernos, ampararnos y apoyarnos.