¿Sabéis qué es el miedo? No me refiero a ese que te hace encoger cuando ves una película de terror; eso no es miedo, eso es adicción a la adrenalina. El miedo, el miedo de verdad, es otra cosa.

Quién no lo ha vivido, no se hace ni siquiera una ligera idea de qué es; no puede ni imaginarse de lo que sufre la persona y mucho menos, comprenderlo.

Se puede tener miedo a una persona (o varias) porque son maltratadores. Pero también se puede tener miedo a las situaciones. Como la que estamos viviendo.

En las imágenes de televisión, todos los españoles parecen felices y contentos; unos, teletrabajando desde sus casas; otros, porque gracias al confinamiento pueden estar con sus hijos. Cada atardecer, cuando salen al balcón a aplaudir y se monta la gran fiesta con altavoces a todo trapo, vemos sus bailoteos y oímos sus cánticos, felices porque están juntos, porque se sienten a salvo, porque tienen su minuto de gloria en la televisión, aunque sea local.

¿Todos? No, todos no. ¿Cuántas personas están llorando en sus casas? Y no solo ancianos. Personas jóvenes o de mediana edad, a las que el miedo al futuro les están devastando. Personas que han invertido todos sus ahorros, todas sus ilusiones en un negocio o una empresa, por pequeña que sea y que ven como los días van pasando, los clientes ya hechos se van perdiendo y, los potenciales, nunca llegarán a serlo, porque también se están arruinando.

Autónomos que van a cerrar sus negocios o empresas, quedándose con una mano delante y otra detrás; empleados que van a ir al paro, dependiendo de un subsidio por tiempo limitado. Y todos, van a quedarse con las deudas contraídas, que no sabrán cómo van a pagar, porque los ahorros ya no existen -si alguna vez los tuvieron- y las posibilidades de encontrar un empleo o de poder emprender algo por su cuenta, se han evaporado. Personas que no solo perderán su trabajo, sino que pueden llegar a perder su hogar, porque no van a poder pagar la hipoteca o el alquiler.

Se había calculado que si, como estaba previsto, se hubiera vuelto a la normalidad hoy, 12 de abril, el 20% de los autónomos no volvería a trabajar. No hay cálculos -sí que los hay, pero no se han hecho públicos- del porcentaje de autónomos y pequeños empresarios que no volverán a partir del día 26, si de verdad se levanta el confinamiento. Tampoco han dicho, ni dirán, cuantos empleados por cuenta ajena van a engrosar las listas del paro a partir de junio.

Y los sindicatos, callados; y las asociaciones de autónomos, calladas; y los ciudadanos, bailando en los balcones, como si estuvieran de vacaciones. Reíd mientras podáis, bailad mientras os quede un aliento. Pero, cuando tengáis un momento entre bailes, cantos, aplausos y cotilleos en la red, en lugar de poneros a hacer musculito con las botellas de agua, pensar cómo vais a afrontar el futuro. Porque, cuando se vuelva a la normalidad, muchos veréis que de las canciones no se come y con los bailes no se pagan las facturas. Y a ver quién viene a enjugaros las lágrimas y consolar vuestras lamentaciones.

Recordad que, cuando se levante el estado de alarma, se acabó la prohibición de incoar EREs y de hacer planes de regulación de empleo; las empresas podrán volver a hacer todas las regulaciones de plantilla que quieran, o que deban, porque incluso las grandes multinacionales verán reducidos el número de clientes y, por tanto, de ingresos. Y cuando tengáis el finiquito en la mano, no podáis pagar la hipoteca o el alquiler, os embarguen por no hacer frente a los préstamos, tengáis que explicar a vuestros hijos que se acabaron las vacaciones, las actividades extraescolares y los caprichos, ¿les consolaréis cantando Resistiré?

Habéis bailado y cantado al ritmo que os han marcado siguiendo el ritmo de una válvula de escape perfectamente programada y dirigida a través de las redes sociales y los medios de comunicación. Os habéis creído a salvo porque os han dicho que darán ayudas públicas a mansalva… sin ver que son cadenas que os van a atar de por vida al sistema bancario, porque no son ayudas: son préstamos que vais a tener que devolver, al tiempo que continuaréis pagando impuestos para mantener un sistema que solo sirve a sus directores, mientras seguís haciendo frente a los gastos habituales que, a ver cómo vais a cubrir, ahora que los ingresos se han reducido a una simple prestación de desempleo, los afortunados que la tengáis.

Bailad y cantad ahora que podéis; día llegará que lloraréis.